de sus facultades y comentarios despectivos hacia empleados con salarios bajos.
Cerré la carpeta.
—¿Está documentado?
—Sí.
—Entonces continúen evaluándolo como a cualquier otro ejecutivo. No quiero privilegios, pero tampoco castigos personales.
Un mes después nos citaron para concluir legalmente el divorcio.
Llegué sola al juzgado familiar.
Diego estaba afuera con Teresa y Fernanda.
Su madre me miró de arriba abajo.
—Qué bueno que viniste. Ahora sí mi hijo podrá empezar una vida con alguien que le convenga.
Fernanda sonrió con incomodidad.
Yo no respondí.
La audiencia fue breve.
No