bodega de mi padre?
Su sonrisa desapareció.
—¿De qué estás hablando?
—De la venta por catorce millones. De las facturas falsas. Y de Paola.
Intentó reírse.
—Amor, alguien te está metiendo ideas en la cabeza.
Entré a la casa y coloqué sobre la mesa la pinza para el cabello y la tarjeta de presentación.
—¿También inventé esto?
Sergio palideció.
—Puedo explicarlo.
—Entonces empieza por decirme por qué trajiste a tu amante a esta misma cama un mes antes de abandonarme aquí.
No respondió.
En ese instante escuchamos otro vehículo.
Paola