no apresurarnos.
Mi embarazo era múltiple y mi salud necesitaba atención especial.
Pero aquella noche, mientras Sebastián acomodaba las almohadas detrás de mi espalda, hice la pregunta que llevaba días atormentándome.
—¿Y si la prueba dijera que no eres el padre?
Él se quedó inmóvil.
Después me miró.
—¿Hay algo que quieras contarme, Sofía?
Sentí un dolor profundo.
—Nunca he estado con otro hombre desde que estamos juntos.
Sebastián cerró los ojos.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué me preguntas eso?
—Porque necesito escucharte. No porque piense que estás mintiendo, sino