Londres.
—Cancélala.
—Daniel…
—He dicho que la canceles.
Ethan me susurró:
—Mamá, esa señora está enfadada.
Vanessa apretó los labios.
Yo tomé la mano de mi hijo.
—Nosotros no vamos a cancelar nada.
Daniel volvió a
(Continúa leyendo en la siguiente página)
interponerse.
—Emma, dame diez minutos.
—No.
—Cinco.
—No.
—Entonces dime dónde encontrarte.
Lo observé.
—Si necesitas comunicarte conmigo, hazlo a través de mi abogado.
Su expresión se endureció.
—¿Un abogado?
—Desaparecí de tu vida como me pediste. No confundas encontrarnos por casualidad con una invitación para regresar.
Tomé