que podía estar teniendo un infarto como su padre. Pasé la noche conectada a monitores. Había familias acompañando a otros pacientes. Hijos. Esposos. Hermanos.”
Nadie dijo nada.
“Yo estaba sola.”
Daniela abrió la boca.
“No quiero escuchar que tenían trabajo.”
La cerró.
“Cuando regresé a casa en un Didi, entendí algo. Si alguno de ustedes hubiera estado en ese hospital, yo habría recorrido la ciudad entera para llegar.”
Miguel apretó la mandíbula.
“Eso no significa que esperara que abandonaran sus vidas. No necesito llamadas diarias. No necesito que me visiten