de 2002. Para muchas personas, semejante cantidad de tiempo puede parecer una eternidad. Para una madre que sigue sin saber qué ocurrió con su hija, cada año que pasa puede traer nuevas preguntas y renovar una ausencia que nunca ha dejado de doler.
Susana ha conseguido ayudar a otras mujeres y contribuir a que sus historias sean escuchadas. Ha trabajado para que las víctimas reciban protección y para que la trata de personas no permanezca escondida. Pero ninguna de esas victorias puede sustituir la respuesta que todavía busca sobre Marita.