que la justicia no había esperado a que terminara la recepción para cobrar las cuentas pendientes. El socio principal avanzó con paso firme entre las mesas de los invitados atónitos, deteniéndose justo frente a Julian para arrebatarle el broche de solapa y la tarjeta de acceso corporativo que colgaba de su chaqueta. Los agentes se acercaron con paso metódico, colocándole las esposas metálicas en las muñecas mientras le leían sus derechos de manera formal ante la mirada horrorizada de todos los presentes en la sala. Victoria rompió en un llanto
El peso de la mentira