intocable titán de Wall Street había desaparecido por completo, reemplazado por un humilde conserje del turno de noche que fregaba los mismos suelos de la institución a la que, en otro tiempo, había menospreciado, calificándola de obra benéfica sin valor. Durante un largo instante, conteniendo el aliento, nos quedamos simplemente mirándonos el uno al otro. Ya no quedaba malicia en mi corazón, ni deseo alguno de una venganza mezquina. La deuda había quedado saldada por completo, y el tiempo le había dado una lección mucho más dura que cualquier cosa
Mientras permanecía afuera, en el frío, observando a mi marido brindar con su nueva novia, utilicé mi llave maestra privada para entrar en el gran salón, dejándolos pálidos de miedo al revelarse, por fin, mi identidad.