Mi madre de 81 años me llamó llorando desesperadamente: «¡TU PADRE ME HA DEJADO POR UNA MUJER DE 30 AÑOS!». Llevaban 57 años casados. Tres días después, encontré a mi padre de 84 años dentro de la casa de aquella joven. Pero cuando abrí la puerta y vi lo que estaban haciendo juntos, ME QUEDÉ PARALIZADA DEL IMPACTO. No podía creer lo que veían mis ojos…

Y papá finalmente comprendió que el perdón no podía exigirse.

Una tarde, unas seis semanas después, fui a visitar a mamá.

Papá estaba sentado en el porche, reparando cuidadosamente una vieja mecedora de madera.

Había pertenecido a Daniel.

Mamá estaba junto a la ventana, observándolo.

—¿Todavía lo amas? —pregunté.

Sonrió con tristeza.

—Lo amaba cuando no teníamos nada. Lo amaba cuando enterramos a nuestro hijo. Lo amaba cuando enfermó y ya ni siquiera recordaba dónde había dejado sus gafas.

Hizo una pausa.

—Y todavía lo amo.

—Entonces, ¿vas a perdonarlo?