Encontré un mensaje en el teléfono de mi marido: «Anoche fue inolvidable. Tu esposa sigue sin sospechar nada, ¿verdad?». No lo confronté… Simplemente sonreí y esperé el momento perfecto… 💔😨

sin dudarlo:

—Alguien de la oficina.

Pronto, sus reuniones de trabajo empezaron a prolongarse hasta altas horas de la noche.

A veces regresaba a casa oliendo a una colonia cara que yo no le había comprado.

Otras veces, sus camisas desprendían un leve aroma a un perfume que no reconocía.

Una vez le pregunté por ello.

Frunció el ceño.

—¿En serio vas a empezar a interrogarme por mi ropa?

Me disculpé.

Eso era lo que más me dolía.

Incluso cuando algo me parecía sospechoso, siempre terminaba siendo yo quien pedía