EL MULTIMILLONARIO QUE NUNCA HABLABA PERDIÓ A SU ESPOSA… Y CINCO AÑOS DESPUÉS DESCUBRIÓ POR QUÉ

Islandia
La primera vez que vi una aurora boreal, lloré.

No fue por Adrian.

O al menos eso quise creer.

Estaba sola frente a una enorme extensión de nieve, mirando un cielo verde y violeta que parecía moverse con vida propia.

Había gastado una fortuna en vuelos, hoteles y excursiones.

Sin embargo, aquella fue la primera vez en años que sentí que algo extraordinario me ocurría sin tener que compartirlo con nadie.

Al principio viví como si cada día fuera una celebración.

Viajé a París, Copenhague y Estocolmo.

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