casamos.
Se produjo otra pausa.
—Tal vez nunca fui lo que necesitaba.
Me quedé inmóvil detrás de una columna.
Era absurdo.
Había pasado cinco años intentando olvidar esa voz.
Y bastaron unas pocas palabras para que mi corazón recuperara un ritmo que creía enterrado.
—No vuelvas a decir eso —murmuró Michael—. Todos sabemos lo que ocurrió después.
—No lo sabe todo el mundo —respondió Adrián.
Un instante después, las puertas del ascensor se abrieron.
Y allí estaba él.
Adrian Blake.
Seguía siendo alto, elegante y extraordinariamente atractivo.
Pero había cambiado.