de explicarte lo ocurrido, pero cada explicación terminaba sonando como una excusa.
No voy a pedirte que regreses.
Solo quiero que conozcas la parte de la historia que nunca tuve el valor de contarte.
Debajo había una dirección y una hora.
Ninguna exigencia.
Ninguna presión.
Podía elegir.
Durante unos minutos pensé en romper la carta.
Después recordé que ya no era aquella muchacha que confundía el silencio con una respuesta.
Si quería cerrar definitivamente una historia, tenía derecho a conocerla entera.
Fui.
Adrian me esperaba en un pequeño restaurante junto