esposa que otra familia había elegido para mí, pude convertirme en la mujer capaz de elegir por sí misma.
Y esta vez, cuando Adrian me preguntó si quería quedarme a su lado, mi respuesta no nació del deber, la costumbre ni el miedo a perderlo.
Nació de algo mucho más sencillo.
Esta vez podía marcharme cuando quisiera.
Y, aún así, quería quedarme.