documentos con permiso de Claire y aclaró que debíamos solicitar una verificación formal de las copias en el expediente correspondiente. La constancia, sin embargo, llevaba una firma que Betty acababa de reconocer como suya, junto a los datos que coincidían con el nombre de la primera carta.
Era suficiente para que Betty dejara de negar su participación. También era el principio de otras preguntas que no podían resolverse solo con aquellas hojas.
Betty dijo entonces algo que me hizo comprender la dimensión de su miedo.
—Yo no quería que, al