y un pequeño vestido que yo había conservado. La manta tenía una orilla más clara y una costura irregular que reparé años atrás, cuando Claire todavía la llevaba por toda la casa.
La extendió sobre las rodillas y pasó los dedos por el remiendo.
—Aquí está —dijo en voz baja.
Me senté junto a ella. Había sostenido aquella tela muchas veces cuando Claire era niña. Nunca pensé que llegaría un día en que significara tantas cosas al mismo tiempo: una despedida que no presencié, una promesa que Julián mantuvo en