decisiones.
Claire estaba a mi lado. Noté cómo apretó los dedos contra el borde de su falda. No lloró ni levantó la voz. Miró la silla, después los papeles de su padre, y volvió a sentarse.
—Yo también soy su hija —respondió.
Elena bajó la mirada hacia el testamento, pero Betty siguió hablando. Dijo que Julián había sido demasiado generoso y que una cosa era criar a una niña por compasión y otra permitirle intervenir en los asuntos familiares.
Sentí ganas de gritarle. En vez de hacerlo, coloqué mi mano