si hoy me preguntas cuál es la herencia que quiero dejar, no te voy a señalar una casa en el lago ni una cuenta de banco.
Te voy a señalar la carta de un niño de diez años que aprendió demasiado pronto que la crueldad heredada también puede romperse.
Te voy a señalar la paz que construí lejos de quienes me obligaban a hacerme chiquita para sentirse grandes.
Y te voy a decir algo que me costó treinta años entender:
A veces, el acto más valiente no es quedarse a