que no».
Me eché a reír por primera vez.
La llevé en coche hasta Caracal.
Durante el trayecto, tras casi una hora de silencio, dijo:
«Irina».
«¿Sí?»
«Si quieres reconciliarte con él, por mí no hay problema».
Apreté el volante con fuerza.
«No quiero».
«No hagas nada solo por mí».
Aparté el coche hacia un arcén.
«Mamá, aunque mañana dijeras que lo has perdonado, yo no volvería a ese matrimonio».
«Pero quizá solo fue un desliz momentáneo».
«La bofetada… eso sí fue un desliz momentáneo».
Miré fijamente hacia adelante.
«Los