En mi graduación, mientras todos brindaban por mi hermana, oí a mi padre reírse: «A ver si ahora encuentra algo que se le dé de verdad bien». Yo seguía con la toga puesta mientras la sala aplaudía. No lloré: salí y compré un billete de ida a Barcelona. Años después, mi hermana apareció con un historial médico: los 15.000 € jamás fueron para su operación.

Clara y las amenazas recientes. Envió un requerimiento para que cesaran los contactos y cualquier intento de perjudicar el negocio.

Sus padres intentaron contraatacar con una reclamación, pero no prosperó: sus propios mensajes demostraban que la petición de dinero iba acompañada de presión.

Aun así, Lucía necesitaba algo más.

No dinero.

No disculpas perfectas.

Necesitaba mirarlos una última vez sin agachar la cabeza.

Aceptó una reunión en una cafetería tranquila de Madrid. Clara estaría presente. También habría 2 teléfonos grabando sobre la mesa.

Sus padres llegaron 15 minutos tarde.

Su