Kevin me miró con una expresión suplicante.
—Anna, ¿de verdad tenemos que seguir así?
No discutí.
Tomé el control remoto.
Encendí el televisor.
Abrí el chat familiar desde mi teléfono y proyecté las fotografías de Melissa.
Una mesa llena de carne.
Salmón.
Costillas.
Mariscos.
La pierna de cordero.
Después proyecté el mensaje de Margaret:
«Cuando lo termines, te llevo más».
Todos guardaron silencio.
Me acomodé en el sofá.
—Ahí está toda la carne.
Miré a mis suegros.
—Si tienen tanta hambre, vayan a cenar a casa de su hija favorita.