—Hay huevos, pan y leche.
—¿Y el almuerzo?
—Ustedes están en casa.
—¿Quieres que cocinemos nosotros?
—Sí.
Margaret abrió la boca.
Yo salí.
A mediodía, mientras estaba en una reunión, Kevin me envió un mensaje.
«Mamá dice que no queda aceite».
Respondí:
«Hay media botella».
«Dice que no alcanza».
«Puede comprar».
Pasaron cinco minutos.
«Anna…»
No respondí.
Después llegó:
«Esta noche compraré».
Perfecto.
La primera compra de comida que hacía Kevin aquel mes.
Cuando regresé, encontré tres bolsas de supermercado sobre la encimera.
Carne.
Aceite.
Fruta.
Yogur.
Leche.
Margaret parecía