entró en nuestra habitación.
—¿Sigues enojada?
—No.
—Mi madre es así. Siempre ha protegido mucho a Melissa.
—Lo sé.
—No le des importancia.
—No se la doy.
Se relajó.
—Perfecto. Entonces mañana compra costillas. A mamá le gustan estofadas.
Abrí mi aplicación de gastos.
—La compra de carne de este mes ya está hecha.
—Pero Melissa se la llevó.
—Correcto.
—Entonces compra otra.
Le envié el presupuesto doméstico.
—Este mes destinamos seiscientos dólares a comida. Ya se gastaron. Si quieres carne, cómprala tú.
Kevin miró la pantalla.
No dijo nada.