estaba sentado a mi lado.
Había escuchado cada palabra.
Y no dijo nada.
Ahora aquella misma mujer quería hablar conmigo.
No acepté su llamada.
Pero sí envié una respuesta formal a Adrián.
Podía solicitar una reunión con nuestro departamento comercial por los cauces habituales.
En cuanto a Leo, cualquier cuestión relacionada con su posible paternidad debía tratarse a través de nuestros abogados, con garantías de privacidad y teniendo en cuenta el bienestar del niño.
No habían pasado veinte minutos cuando recibí su mensaje.
«¿Sabías que estabas embarazada cuando firmamos?»
Miré