ser presionada para aceptar un acuerdo con la empresa.
Durante unos segundos no pude hablar.
La señora Fu había pasado años diciéndome que no era digna de su familia.
Ahora pretendía apropiarse de la imagen de mi hijo para salvar el negocio familiar.
—¿Por qué me cuentas esto? —pregunté.
Clara tardó en contestar.
—Porque yo también hice algo que no debí.
Esperé.
—Cuando regresé del extranjero, Adrián todavía estaba casado contigo. Yo lo sabía. Y aun así acepté su propuesta de matrimonio antes de que vuestro divorcio fuera definitivo.
—Eso