escandalosa.
Ni la más dramática.
Pero sí la única que podía darle sin traicionarme.
Adrián asistió a la ceremonia.
Lo supe porque lo vi al salir del auditorio.
Estaba de pie junto a una columna, sosteniendo un ejemplar de la revista.
Por primera vez, no intentó acercarse inmediatamente.
Esperó a que terminara de hablar con los organizadores.
Después se aproximó con cautela.
—Enhorabuena, Julia.
—Gracias.
Miró la revista.
—He leído la entrevista.
—¿Y?
—Tienes razón. Una familia no vale menos porque yo no aparezca en ella.
Aquello me sorprendió.
Adrián