ambos.
—¿Por qué tanta urgencia? —preguntó.
Lo miré a los ojos.
En mi vida anterior, cuando empezó a sentir dolores en el pecho, pensamos que eran problemas digestivos.
Robert llevaba semanas cansándose al subir las escaleras.
Lo atribuimos a la edad.
Cuando finalmente acudimos al hospital, su corazón ya estaba gravemente comprometido.
Esta vez no esperaría.
—Porque quiero envejecer contigo —contesté—. Y para eso tenemos que cuidarnos.
Robert me besó la frente.
—Entonces iremos juntos.
LA ENFERMEDAD QUE TODAVÍA NO HABÍA LLEGADO
El cardiólogo detectó algo que nos dejó helados.