últimamente tienes miedo incluso cuando todo está bien.
Le conté que la idea de perderlo me aterraba.
No le hablé del incendio ni de mi vida anterior. No habría sabido cómo explicarle algo que yo misma apenas comprendía.
Él se arrodilló frente a mi sillón.
—Escúchame. No puedo prometerte que viviré cien años.
Las lágrimas me resbalaron por las mejillas.
—Lo sé.
—Pero puedo prometerte que haré todo lo posible para quedarme contigo el mayor tiempo que pueda.
Me abrazó.
Y por primera vez comprendí que volver a vivir no