EL DÍA QUE MI NUERA ME EXIGIÓ DIVIDIR TODOS LOS GASTOS, ACEPTÉ… PERO NO IMAGINABA LO QUE DESCUBRIRÍA EN EL BANCO

últimos minutos.

Su mano enfriándose entre las mías.

El sonido de los monitores.

La terrible certeza de que ya no volvería a escuchar su voz.

No podía soportar perderlo otra vez.

Aquella noche Robert me encontró sentada frente a nuestra vieja fotografía de bodas.

—Grace, últimamente tienes miedo incluso cuando todo está bien.

Le conté que la idea de perderlo me aterraba.

No le hablé del incendio ni de mi vida anterior. No habría sabido cómo explicarle algo que yo misma apenas comprendía.

Él se arrodilló frente a mi sillón.