el quirófano, sentí que las piernas me fallaban.
Él levantó la mano.
—Grace, no te olvides de regar los rosales.
Intenté sonreír.
—Tú preocúpate de volver para podarlos.
Las puertas se cerraron.
Me quedé sola en el pasillo.
Aquel olor a desinfectante.
Aquellas luces blancas.
Los pasos apresurados del personal.
Todo me recordó a la otra vida.
Entonces saqué del bolso nuestra fotografía de bodas y la sostuve entre las manos.
No sé cuánto tiempo pasó hasta que escuché mi nombre.
—¿Señora Miller?
Me levanté tan deprisa que casi dejé