—Pero mañana sigues pagando tu propia hipoteca.
Los tres nos echamos a reír.
No era una reconciliación perfecta.
Había heridas que necesitarían mucho tiempo para cerrarse.
Y algunas cosas quizá nunca volverían a ser como antes.
Pero aquella tarde me pareció un comienzo.
LA ÚLTIMA HOJA DEL CONTRATO
Un año después de mi regreso, encontré los restos del primer acuerdo mientras ordenaba un cajón.
Había guardado las dos mitades de aquellas hojas, aunque ya no recordaba por qué.
Las coloqué sobre la mesa.
Allí seguía el título:
«Acuerdo de separación