EL DÍA QUE MI NUERA ME EXIGIÓ DIVIDIR TODOS LOS GASTOS, ACEPTÉ… PERO NO IMAGINABA LO QUE DESCUBRIRÍA EN EL BANCO

desesperadamente el préstamo.

—Me convencí de que, cuando tuviéramos dinero, podría arreglarlo todo —confesó.

—No puedes arreglar una traición simplemente devolviendo lo que has tomado.

Ethan se sentó frente a mí.

Parecía diez años mayor.

—Claire y yo nos hemos separado temporalmente. Estamos vendiendo el coche y hemos hablado con un asesor para reestructurar las deudas.

No respondí.

—También voy a colaborar con la investigación —añadió.

Lo observé durante un largo rato.

Aquel era el primer paso verdaderamente responsable que le veía dar desde hacía años.

Y, aun así, me