—Vivian…
—Cuando regresé, estabas allí.
—Siempre iba a estar.
—Ese es el problema.
Lo miró con tristeza.
—Tú seguías esperando a la mujer que fui hace doce años.
Daniel no respondió.
—Y yo necesitaba a un amigo.
—Soy más que eso.
—Para ti.
La frase fue cruel por su suavidad.
Vivian continuó:
—Nunca te pedí tu habitación.
Daniel sintió frío.
—Dijiste que no dormías bien.
—Te dije que sufría pesadillas.
—Pensé…
—Tú decidiste.
—Vivian.
—Mara estaba recogiendo sus cosas mientras tú me ofrecías su cama.
La culpa apareció en su