El segundo artículo había recibido un premio.
El tercero citaba el primero más de cuatrocientas veces.
Daniel buscó mi nombre en bases académicas.
Encontró conferencias.
Fotografías.
Entrevistas antiguas.
Una versión de mí que parecía casi otra persona.
Cabello más corto.
Ojos brillantes.
Hablando frente a auditorios.
Sonriendo junto a prototipos.
En un video, una periodista me preguntaba:
—¿Dónde se ve dentro de diez años?
Mi yo de veintisiete respondió:
—Quiero trabajar en un sistema que todavía no exista.
Daniel detuvo el video.
Yo tenía veintisiete.
Nos conocimos ese mismo año.