Las noches esperando.
La habitación cedida.
El cine.
La alianza sobre la mesa.
Después miré la pantalla.
Y empecé a hablar.
Daniel no escuchó la mitad.
Solo fragmentos.
“Sistema adaptativo.”
“Entornos degradados.”
“Arquitectura redundante.”
“Desarrollo de treinta y dos meses.”
Yo hablaba con seguridad.
Respondía preguntas.
Corregía cifras.
Bromeaba con Elias.
La gente me escuchaba.
No por ser esposa de nadie.
Por mí.
Y Daniel entendió con una claridad devastadora que no había perdido únicamente a la mujer que le cocinaba.
Había vivido junto a alguien extraordinario y la había