Daniel sintió un nudo.
—¿Profesionalmente?
—Como persona.
No supo qué responder.
—Durante los primeros meses trabajaba como si tuviera que justificar cada minuto que ocupaba espacio.
Daniel apretó la mandíbula.
—Yo…
—No necesito explicaciones.
Warren lo interrumpió.
—Solo le digo algo que quizá deba saber.
Se acercó.
—Cuando una persona brillante pasa años haciendo pequeña su propia luz para no incomodar a alguien, volver a enseñarle que puede ocupar una habitación completa lleva tiempo.
Daniel miró hacia la puerta por la que yo había salido.
—¿Está feliz?
Warren pensó.
—Está