—¿Tres meses?
—Me pidió que solo te la entregara si yo consideraba que no interferiría con tu trabajo.
Eso sí era nuevo.
Abrí la carta esa noche.
No empezaba con “Te extraño”.
Ni “Perdóname”.
Decía:
“Mara:
No sé si tengo derecho a escribirte. Probablemente no.
Así que esta no es una carta para pedirte que vuelvas.
Es una lista de cosas que finalmente aprendí demasiado tarde.”
Seguí leyendo.
“Aprendí que saber qué café toma una persona no significa conocerla.
Aprendí que decir ‘ella entiende’ muchas veces solo significa ‘no quiero