pausar.
Respiré.
—El problema es empezar a creer que ya no tienes derecho a volver.
Después de la conferencia, alguien me esperaba junto a la salida.
Daniel.
Más canas.
Más tranquilo.
Ya retirado.
No lo veía desde hacía casi tres años.
—Buena charla.
—Gracias.
—La frase sobre volver…
—No era sobre ti.
Sonrió.
—Lo imaginaba.
Caminamos hasta el exterior.
—¿Cómo estás?
—Bien.
—¿De verdad?
—De verdad.
—Me alegro.
Le pregunté:
—¿Y tú?
—También.
Había vuelto a estudiar.
Asesoraba a jóvenes oficiales.
Daba charlas sobre liderazgo y familias militares.
Lo sabía