Pero jamás debes contarle a nadie lo que obligué a hacer a nuestra hija.
Por un instante, sentí que la habitación daba vueltas a mi alrededor.
—¿Qué acabas de decir?
Se frotó la cara con ambas manos.
—Tomé una decisión porque creía que protegería a nuestra familia. Lily aceptó, pero sabía que tú no lo entenderías.
Me levanté de golpe.
—¡¿QUÉ LE HAS HECHO A MI HIJA?!
—¡Por favor, escúchame!
Pasé junto a él y corrí hacia las escaleras, con las lágrimas resbalándome por el rostro.
—¡LILY!
Antes de que