Por un momento olvidé las amenazas.
Olvidé la fotografía.
Olvidé incluso el miedo que sentía.
Solo existían aquellos dos latidos.
Y la mano de Adrian envolviendo la mía.
A la mañana siguiente llegaron los primeros resultados de la investigación.
Daniel, el jefe de seguridad, entró en el despacho improvisado donde Adrian trabajaba.
—Señor Blake, encontramos algo.
Colocó una tableta sobre la mesa.
En la pantalla apareció una grabación de las cámaras exteriores de nuestra mansión.
Eran las dos y diecisiete de la madrugada.
Una mujer abría la puerta lateral del