que no te harían daño. Que solo necesitaban asegurarse de que nunca tuvieras hijos.
—¿Quiénes?
—Victor.
Adrian permanecía de pie junto a la ventana.
No intervino.
Sophie continuó entre sollozos.
—Mamá empezó a trabajar para él hace años. Victor le pagaba por informarle de todo lo relacionado contigo. Cuando te enfermaste y te hicieron aquellas pruebas, él dijo que podía ayudarte a casarte con un hombre rico si aceptábamos ciertos arreglos.
—¿Arreglos? —repetí, incrédula—. ¿Así llamas a falsificar un diagnóstico médico?
Sophie bajó la mirada.
—Yo no entendía lo que