que apenas podía sostener el teléfono para tomar fotografías.
En mitad de la celebración, Margaret se acercó con una pequeña caja.
—Encontré algo entre las pertenencias de la madre de Adrian —dijo—. Creo que debería ser de ustedes.
Dentro había dos zapatitos tejidos a mano.
Uno blanco.
Otro azul.
Junto a ellos, una nota escrita muchos años atrás.
«Para mis pequeños. No sé cómo será el mundo cuando lleguen, pero deseo que crezcan rodeados de amor y sin miedo».
Adrian leyó aquellas palabras en silencio.
Después abrazó los zapatitos contra