de la persona más valiente que he conocido.
Se secó los ojos.
—Cuando tenía veintiséis años, tu padre me contó en privado lo del trasplante. Quería que comprendiera todo lo que Lily había soportado. Pero también me pidió que no te dijera nada.
Daniel hizo una pausa.
—Aquella noche fui a ver a Lily. Estaba sentada en el jardín, llorando porque un hombre con el que había estado saliendo le había dicho que nadie querría casarse jamás con una mujer como ella.
Sentí que se me partía el corazón.
—Me