mis representantes para evitar daños a su empresa.
Le respondí que cualquier acuerdo debía realizarse por los cauces legales y que no aceptaría amenazas ni favores personales.
No volví a reunirme con ella.
En cuanto al concurso de piano, acepté la invitación para participar en la siguiente edición.
Regresé a estudiar con una profesora que había conocido años atrás.
Al principio, mis manos temblaban cada vez que me sentaba frente al teclado.
No por falta de práctica.
Sino porque durante demasiado tiempo había asociado tocar con el miedo a decepcionar