rutina donde los problemas parecían solucionables, donde las discusiones terminaban con promesas y donde cada decisión importante parecía tomada en pareja.
Pero aquella noche junto al río había cambiado todo.

El golpe contra el agua no solo había dejado heridas físicas. Había destruido la última versión de Sergio que Mariana todavía quería creer. Mientras la corriente intentaba arrastrarla, mientras el frío le quitaba fuerza y cada movimiento parecía más difícil, una idea quedó clara en su mente: aquello no había sido un accidente.
Sergio había intentado acabar con su vida.