PARTE 2: LO QUE SALIÓ DE SU OÍDO

Dinero.

Un disparo.

Y una voz conocida.

Gideon tomó el lápiz con dedos temblorosos.

Ashford.

Rosalie dejó de respirar.

—¿Mi padre?

Gideon asintió.

Antes de poder escribir más, escucharon caballos

acercándose.

Rosalie miró por la ventana.

Su padre estaba frente a la casa.

Merrick venía con él.

Gideon todavía no podía oír los cascos.

Pero Rosalie sí.

Su padre bajó del caballo sosteniendo una escopeta.

—Rosalie —gritó—, recoge tus cosas.

Ella salió al porche.

—Esta es mi casa.

Él sonrió.

—No por mucho tiempo.

Sacó un documento.

Los cincuenta dólares