tu madre te pidió que te detuvieras, ¿la escuchaste?
Daniel empezó a gritar mientras le colocaban las esposas.
—¡Soy tu hijo!
Arturo sintió que esas palabras le atravesaban el pecho.
—Precisamente por eso duele tanto.
Verónica comenzó a llorar inmediatamente.
—Don Arturo, yo puedo explicarlo.
—Explíquelo ante el Ministerio Público.
—Daniel me obligaba.
Miguel dejó una tableta sobre la mesa y reprodujo una grabación.
La voz de Verónica llenó el salón:
—“Si mañana vuelve a preguntar por Arturo, dale la dosis completa. Necesitamos que llegue tranquila al viernes.”
Verónica se