volvería.
Arturo apretó los dientes para no llorar.
A la mañana siguiente observará desde una ventana cómo Elena servía el desayuno.
Una cuchara cayó al piso.
Verónica ni siquiera levantó la voz.
Simplemente puso el tacón sobre la mano de su suegra y presionó.
Elena ahogó un gemido.
Daniel continuó mirando su teléfono como si nada ocurriera.
Arturo estuvo a punto de entrar.
Entonces vio una cámara de seguridad apuntando directamente a la cocina.
Se detuvo.
Si reaccionaba sin pruebas, Daniel podía acusarlo de invasión y agresión. Elena se quedaría