que cada lujo nuevo había servido para ocultar el fracaso del anterior.
Que primero tomó dinero pensando en devolverlo.
Después mintió.
Luego necesitó mentir para proteger la mentira.
Cuando se dio cuenta, su propia madre se había convertido para él en un obstáculo.
La última frase decía:
“Papá, no te pido que me saques de aquí. Sólo quiero saber si algún día volverás a llamarme hijo”.
Arturo permaneció largo rato mirando aquella línea.
Esa noche respondió.
No prometí perdón.
No ofreció dinero.
Escribió únicamente:
“Eres mi hijo, y por eso