Por un instante, pareció que quería decir algo. Sin embargo, bajó la mirada y continuó doblando la ropa.
Su reacción me inquietó más que cualquier cosa que mi padre hubiera dicho hasta entonces.
Aun así, acepté la excursión, con la esperanza de comprender mejor su extraño comportamiento.
El domingo por la mañana salimos poco después del desayuno.
Durante el viaje, mi padre apenas pronunció una palabra. De vez en cuando me miraba de reojo, pero apartaba rápidamente la vista cuando yo me volvía hacia él.
Después de casi una hora,